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Por qué cambiamos cuando cambiamos

"Dadme un punto fijo y moveré el mundo".
Arquímedes

La movilidad, el cambio por sí mismo, es inconsistente. La inmovilidad, la permanencia por sí misma, es rigidez. Lo propio de una acción con sentido es mantenerse firme en medio del cambio, cambiar sin abandonar lo que es fundante.

Cambiamos porque la realidad es dinámica.
Mantenemos nuestros fundamentos porque es lo que otorga sentido.

Ya en el siglo XVIII, Kant enunciaba el siguiente principio: no se debe educar a los niños conforme al presente sino conforme a un estado mejor de la humanidad, posible en lo futuro.

El mundo actual presenta nuevas condiciones socioeconómicas y culturales y la escuela debe, a partir del registro de estas transformaciones, repensarse de modo de adecuar la formación de los futuros egresados a las necesidades, requerimientos y posibilidades que este escenario plantea. Las condiciones en que se desarrolla la actividad laboral son otras y la posibilidad y necesidad de continuar estudios superiores también.

Para abordar una realidad donde un trabajo de por vida ya no existe más y los conocimientos envejecen a gran velocidad, debemos alentar, desde la escuela, el desarrollo de capacidades como: iniciativa, flexibilidad, trabajo en equipo, creatividad, autonomía.

En estas transformaciones el rol de la escuela media se revela cada vez más significativo. Ya no es una mera instancia intermedia entre dos niveles, que sólo hay que "pasar", porque "lo importante" son los estudios superiores; sino que es una etapa decisiva en cuanto a la formación, pues los jóvenes tienen que poner en juego sus capacidades cada vez con mayor anticipación.

Además, ingresar a los niveles universitarios no es garantía de poder llevar adelante una carrera, menos aún de concluirla; la formación previa marca las diferencias. Los óptimos resultados obtenidos por nuestros egresados ,tanto en el desempeño laboral como en la continuación de sus estudios, lo confirman.

Por todo esto, las actualizaciones que continuamente encaramos en nuestro instituto responden a este dinámico acontecer, pero se sostienen sobre sólidos fundamentos que orientan su sentido: la convicción de que la educación tiene como función preparar a los jóvenes para comprender el proceso total de la vida -que no se agota en la mera obtención de un título o un "lugar" de trabajo-; que hacerlo sólo es posible pensando libremente, sin apegarse a estereotipos, no imitando sino descubriendo y asumiendo responsablemente el compromiso social que esta disposición implica.

Tal vez las palabras de Krishnamurti sinteticen algunos ejes en torno a los cuales gira nuestra tarea: Tenemos que crear inmediatamente una atmósfera de libertad para que puedan ustedes vivir y descubrir por sí mismos aquello que es verdadero, para que lleguen a ser inteligentes y tengan la capacidad de enfrentarse al mundo y comprenderlo, no simplemente ajustarse a él; para que en lo interno, en lo psicológico, en lo profundo, se encuentren en constante estado de rebelión; porque son sólo los que se rebelan constantemente los que descubren lo verdadero.