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Nivel Primario: "RECORRIDOS. Iguales pero diferentes."

Tal vez una de las premisas más fuertes de la escuela Argentina haya sido la de igualar. Ricos y pobres, tucumanos y porteños, en la Puna o en las grandes ciudades, los chicos argentinos aprendían las mismas cosas y hasta con los mismos libros de texto. Por ese entonces el criterio de igualdad se aplicaba en todos los aspectos educativos, la vestimenta, los dispositivos pedagógicos, los criterios evaluativos, los métodos, sin tener en cuenta las diferencias de origen, geografía, etnias, historias personales, tiempos. 

Recorridos

El concepto de igualdad estaba relacionado con la necesidad del Estado de unificar, establecer parámetros comunes, mitigando de algún modo las enormes diferencias culturales generadas por la ola migratoria de los albores del Siglo XX y por la extensa geografía que propone diferentes modos de vida.

Los delantales blancos, los actos escolares, la liturgia y la iconografía escolar casi religiosa, las efemérides, los edificios escolares con sus pupitres, eran escenas y escenarios que se repetían en todas las escuelas argentinas, sin embargo el concepto de igualdad que parecía tan contenedor, democrático e inclusivo dejaba al margen (y aún lo hace) a muchos chicos y adolescentes que por razones cognitivas, sociales, emocionales, o de salud no pueden realizar los mismos recorridos escolares que sus pares. Entonces comienzan a aparecer dudas sobre el concepto de igualdad. ¿Es necesario igualar? ¿Por qué y para qué igualar? ¿Qué es lo que se busca y qué es lo que se consigue igualando? En un aula ¿Algún alumno responde de igual manera y al mismo tiempo que otro de sus compañeros? Entonces ¿Por qué nos empecinamos en hacerlo? ¿Una clase uniforme es una clase de niños moldeados o modulados?

Diferentes:

Un niño que se cruza todo el patio del recreo en cuatro patas siguiendo una hormiga para saber adónde va mientras sus compañeros lo esquivan jugando a la mancha, ya manifiesta una enorme diferencia de intereses con sus pares. Aquel que expresa que en su casa aprende mucho más que en la escuela porque a través de la computadora puede informarse sobre cuál es el espesor de una burbuja, claramente se muestra diferente a los demás. Una nena que canta y baila o establece largas y entretenidas charlas con amigas imaginarias en el patio del recreo pero también dentro del aula, seguramente se está corriendo del molde de la igualdad.  Presencia y cuerpo no siempre coinciden en las aulas, a veces hay disonancias, desinteligencias conflictos.  Entonces ¿qué hacer con esos niños? ¿Los igualamos? ¿Está bien hacerlo? ¿Es necesario? ¿Es posible hacerlo?

Muchos de estos chicos con sus intereses personales ponen en tela de juicio lo que la escuela les propone y también sus metodologías, gramáticas y dispositivos. La desmesura, el cuerpo inquieto hasta la impertinencia, la intensidad, el parloteo  constante. Niñez, que por su intensidad, ya no es aquella infancia tierna de la que recuerdan los abuelos. Estos niños no disimulan, muestran al desnudo su falta de interés, sus exabruptos. Hay un desarreglo que clama formas que anuncian otro mundo.1

Estos niños denuncian que hay algo que no se ajusta a las formas, que no puede acomodarse en un molde. Estos niños, los distintos, los que anuncian que las cosas no son como parecen, descolocan a padres y maestros muchas veces transformando a las instituciones educativas en centros de asistencia terapéutica corriendo, en oportunidades el eje pedagógico y socializador.  La función de la escuela es pedagógica, esto que parece una verdad de Perogrullo, es sin embargo una especie de grito desesperado de muchas instituciones que en ocasiones se ven desbordadas por las demandas de una visión estigmatizadora de la infancia.

La subjetividad contemporánea mutó, de la misma manera debe hacerlo la escuela porque se encuentra acorralada,  ya que las exigencias producto de la posmodernidad son otras. Entonces ¿Qué hacer? La respuesta incómoda, políticamente incorrecta es que no hay recetas, ni únicas respuestas. De lo único que estamos seguros es que como docentes debemos habitar la escuela, estar, con nuevas formas de presencia, en un estar incómodo que se interroga, observa, analiza, busca, elabora hipótesis de trabajo,  aprende y crece, junto y con los chicos.

Tal vez una forma de habitarla es diferenciando un problema de lo que en apariencia lo es. Un problema escolar es aquel que tiene respuesta, que si bien tal vez no tenga una solución sencilla o clara genera los movimientos necesarios para que el niño que aprende pueda hacerlo en un contexto propicio, apropiándose de sus herramientas particulares y contando con todo el andamiaje que la escuela le proponga (dentro de las posibilidades institucionales), esto requiere de una práctica escolar que se asuma incompleta, capaz de correrse de las zonas del confort del deber ser para asumir riegos.

Habitar el Glaux:

Nuestras paredes hablan por sí mismas de proyectos escolares  que involucran a chicos desde lugares diversos, hay quienes por iniciativa personal proponen nuevas formas de pensar y de ver la realidad a través de proyectos fotográficos, o videos, otros, buscan en las matemáticas la mejor manera de entender fenómenos sociales como el machismo, tan en boga en la actualidad y en cierta manera desconcertante para nuestros niños y niñas que se consideran iguales entre sí y que pueden realizar una sola fila de chicos y chicas sin problemas.

Nuestros alumnos pueden indagar en sus contextos familiares y vecindario sobre los mandatos y prejuicios para luego analizarlos y debatirlos, entonces el desborde, el cuerpo tantas veces aterido o espinoso da paso a la palabra y la razón.

La intensidad se traduce en arte que sale de nuestra escuela a través de las melodías que se escapan por las ventanas del 5º grado o través de las cuerdas de los violines que vibran con un Can-can o un blues. La desmesura se convierte en mancha que luego será cuadro colgado en alguna pared del colegio, papel recortado, historia escrita, teatro o baile.

En nuestra escuela los dispositivos se transforman en cómplices del aprendizaje y no en una amenaza, para ello son utilizados como computadoras o cámaras de video de modo de contar una historia o buscar fuentes confiables para comprender más el mundo en el que vivimos, indagando sobre las diferentes versiones de un hecho concreto o posiciones ideológicas diversas de modo tal de ir construyendo un pensamiento propio en base a una mirada crítica.

La escuela está habitada por niños y maestros que van construyendo en un armado y entramado que nos alberga a todos donde la intensidad se transforma en potencia.

Prof. Virginia Arias - Directora Nivel Primario.

2 Persia, M (2009) Pinocho y la fuga malograda. Revista Campo Grupal. Edición aniversario. http://www.psicosocial.edu.uy/bahia/113.pdf