Los niños y las niñas son constantes creadores de mundos. A su edad, las limitaciones sobre lo que es posible o real son flexibles y mediante el juego pueden transformar su propia realidad y hacer verídico cualquier elemento que introduzcan en ese mundo imaginario. Bajo esta premisa, desde el Taller de Lenguajes Expresivos, con las salas de 3, 4 y 5 años, decidimos profundizar la capacidad creativa de los niños, para nutrir su creatividad y generar nuevas herramientas de expresión artística.

Para iniciar el proyecto, realizamos un reconocimiento del espacio del taller. El grupo identificó colores, texturas, elementos constantes y rotativos, trabajando así su capacidad de observación y el afinamiento de su percepción. Una vez realizado ese detallado registro, se les propuso convertirse en exploradores de planetas con una misión especial: explorar nuevos mundos y recolectar elementos llamativos en cada uno. De esa forma, el grupo se puso en la piel de estos peculiares personajes, y comenzaron la aventura.
La improvisación teatral fue acompañada con música y un relato de la historia como guía de la actividad y abarcó todo el salón, utilizando distintos niveles espaciales y dinámicas de movimiento. A partir de pequeños disparadores, las y los chicos comenzaron a jugar con su imaginación y su cuerpo y rápidamente se transportaron a planetas con nubes de arcoiris, mares llenos de golosinas, árboles con diamantes y animales parlantes. Su capacidad imaginativa, en conjunto con las pautas de improvisación teatral, lograron hacerlos olvidar que estaban en el jardín y crearon por completo la ilusión de un nuevo espacio no convencional en el cual todos jugaban bajo las mismas reglas.
La posibilidad de creer que están en otro lado los desinhibe y les permite expandir y proyectar su expresión. Además, al realizarse de manera grupal, se construye mayor confianza y un sostén necesario para no sentir el juego y la expresión artística como un momento de exposición.


A través de esta actividad pudimos observar cómo se potenció la capacidad expresiva del grupo. Al partir de un espacio reconocible y propio, la sensación de familiaridad y, por ende, de comodidad, ayudó al desarrollo del ejercicio de manera fluida. Muchas veces, los chicos pueden sentirse expuestos o con vergüenza ante ciertas propuestas cuando se enfrentan a nuevas maneras de expresión artística por primera vez, por eso resaltamos la importancia de la familiaridad del punto de partida de este proyecto.
Como cierre, nos gustaría compartir una frase que nos dejó un alumno de Sala de 4 en una charla de cierre del proyecto: “Seño, si en la sala hay un río de arcoíris, ¿cómo vamos a hacer para entrar mañana a la mañana?”.