Las infancias de nuestro tiempo, atravesadas por la tecnología y las pantallas, presentan un gran desafío para los docentes: ¿cómo hacemos para engancharlos en nuestras propuestas de aprendizaje? ¿Cómo darles el protagonismo para que se apropien de los contenidos cuando todo está disponible en múltiples plataformas de muy fácil acceso?
En las ciencias naturales hay una herramienta clave que podemos utilizar para responder a estas inquietudes, una que interpela uno de los sentimientos humanos más increíbles y menos imitables por las nuevas herramientas tecnológicas: la curiosidad. Y para ponerla en acción, recurrimos a una propuesta clásica en la escuela: la exposición oral.
Para comenzar a trabajar, el grado se distribuyó en cinco grupos y cada uno tomó uno de los sistemas del cuerpo humano: sistema respiratorio, digestivo, excretor, circulatorio y la dentición (entendida como el comienzo del sistema digestivo). Durante algunas clases nos tomamos un tiempo para organizar encuentros fuera del colegio, distribuir roles en la exposición, compartir ideas, pensar en la limitación del tiempo, pensar recursos tanto para armar maquetas como para estudiar, idear formas originales de enseñar y, por último, definir una problemática o pregunta interesante que tuviera que ver con el sistema a trabajar y que pudiera abrir puertas a más preguntas. La misma debía ser investigada de manera independiente y explicada durante la clase. Las preguntas fueron: “¿Qué es la neumonía?”, “¿Qué sucede si no nos higienizamos (bien) la boca?”, “¿Qué es la acidez?”, “¿Qué pasa en nuestro cuerpo si no vamos al baño cuando tenemos ganas?” y “¿Qué ocurriría si tuviéramos menos sangre en nuestro torrente sanguíneo?”.
Luego de varios encuentros para organizar las exposiciones, llegó la semana en la que cada grupo compartió sus hallazgos con sus compañeros. Las clases fueron realmente originales. Recurrieron a modelos tridimensionales, interactivos, ofrecieron actividades y demostraron todo lo que aprendieron haciendo.
Sin dudas, frente a una generación en donde todo está dado y la IA “hace todo”, donde se pueden conseguir las cosas ya hechas y lo efímero prevalece, el desafío realmente está en armar y crear con nuestras propias manos. Tomar el mundo para devolvérselo a otros con una nueva forma.
El proyecto terminó con reseñas volcadas en un Padlet con reflexiones sobre cada exposición y sugerencias que les harían a sus compañeros. En esta etapa del proyecto se puso especial atención en la amabilidad, la empatía, el respeto por el trabajo de otros, en poder opinar desde el compañerismo, sin ser hirientes y pensando en querer mejorar.
Mi desafío docente ante la pregunta “¿Qué hago?” se resolvió con un “Confiá en lo que ellos hagan” y el resultado fue una semana de actividades realmente emocionantes. Confiar en el enorme compromiso que muestran las infancias es el gran aprendizaje de este proyecto.
Autora: Maylén Perucca Jóver